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Emprendimiento5 min de lectura

Casa Irarrázaval: el primer partner de Singo Karaoke

Las mejores ideas crecen cuando encuentran a las personas indicadas. Esta es la historia de cómo Casa Irarrázaval y Singo Karaoke construyeron juntos una experiencia que hoy llena noches de música, risas y buenos momentos.

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Hay historias que no comienzan con un contrato.

Comienzan con una conversación, una idea y la confianza suficiente para probar algo nuevo.

Así comenzó la relación entre Casa Irarrázaval y Singo Karaoke.

Cuando conocimos al equipo de Casa Irarrázaval, Singo todavía era un proyecto en construcción. Teníamos una visión muy clara de cómo queríamos modernizar la experiencia del karaoke, pero necesitábamos un lugar donde esa visión pudiera convertirse en realidad.

Ellos, por su parte, buscaban nuevas formas de generar experiencias para sus clientes sin aumentar la complejidad de operar un bar.

Ahí nació una colaboración que, con el tiempo, terminó beneficiándonos a ambos.

Creciendo juntos

Casa Irarrázaval nunca había realizado noches de karaoke.

No porque no les gustara la idea, sino porque organizar una sesión tradicional implica dedicar tiempo y personas a tareas que poco tienen que ver con atender un bar: anotar canciones, administrar la fila de cantantes, buscar videos, avisar los turnos y resolver los inevitables "¿quién sigue?".

Con Singo pudieron incorporar esa experiencia sin cambiar la esencia de su operación.

Mientras la plataforma organiza automáticamente la fila, muestra los videos en la pantalla y avisa a cada participante cuando llega su turno, el equipo del bar puede concentrarse en lo realmente importante: recibir a sus clientes, atender las mesas y crear un buen ambiente.

Nosotros aportamos la tecnología.

Ellos aportaron la confianza para ponerla a prueba en el mundo real.

Un aprendizaje mutuo

Durante estos meses hemos aprendido tanto como hemos desarrollado.

Después de cada jornada conversábamos sobre lo ocurrido.

Qué había funcionado.

Qué podía ser más simple.

Qué necesitaba un anfitrión.

Qué esperaban los clientes.

Muchas de las funciones que hoy forman parte de Singo nacieron gracias a esas conversaciones.

No desarrollábamos pensando en un usuario imaginario.

Desarrollábamos pensando en la siguiente noche de karaoke en Casa Irarrázaval.

Cada mejora que implementábamos volvía al bar la semana siguiente, donde era utilizada, discutida y nuevamente perfeccionada.

Fue un proceso de mejora continua construido entre ambos equipos.

Cuando la tecnología desaparece

Uno de los mayores aprendizajes fue descubrir que el mejor software es el que pasa desapercibido.

Hoy los clientes simplemente escanean un código QR, buscan canciones desde su teléfono, ingresan a la fila, reciben un aviso cuando llega su turno y participan reaccionando y votando las presentaciones.

No necesitan aprender cómo funciona el sistema.

Solo disfrutan la experiencia.

Y mientras eso ocurre, el personal del bar no está preocupado de administrar una lista de canciones.

Está haciendo aquello que hace grande a un bar: atender bien a las personas.

El resultado de una apuesta compartida

Con el paso de los meses fuimos viendo cómo las noches de karaoke se transformaban en una actividad habitual del local.

Sesiones que comenzaban cerca de las 22:00 y continuaban hasta las 03:00 de la madrugada.

Clientes que permanecían durante horas compartiendo, cantando y disfrutando del ambiente.

Personas que regresaban semana tras semana porque sabían que encontrarían una experiencia entretenida y bien organizada.

No creemos que ese resultado sea mérito exclusivo de Singo.

Sería desconocer el trabajo del equipo de Casa Irarrázaval, que convirtió cada noche en un espacio acogedor donde la gente quería quedarse.

Pero también nos llena de orgullo saber que nuestra plataforma ayudó a que incorporar el karaoke fuera simple, ordenado y sostenible en el tiempo.

Más que un cliente

Por eso nunca hemos considerado a Casa Irarrázaval como "nuestro primer cliente".

Para nosotros siempre será nuestro primer partner.

Porque crecimos juntos.

Ellos nos ayudaron a construir una mejor plataforma.

Nosotros les entregamos una herramienta para incorporar una nueva experiencia a su propuesta.

Ellos confiaron en una startup que recién comenzaba.

Nosotros encontramos un equipo dispuesto a enseñarnos cómo debía evolucionar nuestro producto.

Ese intercambio ha sido una verdadera simbiosis.

Y esperamos que la historia de Singo siga escribiéndose de la misma manera: trabajando junto a bares y espacios que quieran crecer con nosotros, no simplemente contratar un software.

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